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Recuerdos (1ra. Parte)
Corría el mes de Marzo de 1977 o talvez
fines de Febrero cuando recibí la cédula de
incorporación al Servicio Militar, recuerdo como si
fuera hoy que don Omar Depetris en su Pickup Siam
color amarillo nos llevó a la ruta a tomar el
Ómnibus, conjuntamente con su hijo Bartolo que
también estaba citado para la misma fecha, y así
también Flautín Drzevisky y Pianetti Ascúa. Llegamos
a Río Cuarto y ahí junto a miles fuimos destinados a
cuarteles de distintas partes del país, Bartolo y yo
específicamente al GA 181 de Zapala, que en ese
momento no teníamos idea donde se encontraba esa
localidad y menos a que provincia pertenecía.
Partió el tren repleto de alegres futuros soldados y
enfiló un recorrido en dirección a la ciudad de
Rosario, deduciendo que iva a pasar por nuestro
pueblo San Marcos Sud, provincia de Córdoba, y ahí
aunque en marcha poder saludar y avisar de nuestro
destino militar. Situación que se vió frustrada con
el paso por los primeros pueblos y como consecuencia
de las primeras ordenes de los superiores al ver y
escuchar los gritos nuestros a los circunstanciales
transeúntes, ordenando estrictamente viajar con
ventanillas bajas, experimentando la primera
sensación de encierro.
Mi compañero Bartolo se las ingenió, escribió un
papel, lo envolvió a una piedra y nosé como lo lanzó
cuando el tren pasó por el pueblo.
Creo que hizo escala en Rosario y de ahí partió
nuevamente al destino, y a medida que marchaba y
pasaban las horas nos dábamos cuenta de lo distante
que se encontraba el cuartel. Llevábamos más de un
día y medio de viaje cuando arribamos a Zapala e
inmediatamente al cuartel, con el agravante que era
de noche, así que no sabíamos donde nos
encontrábamos.
Al día siguiente y no muy amablemente nos sacaron de
las bolsas de dormir a la madrugada nos dieron mate
cocido y comenzaron las actividades de rutina, una
especie de censo, donde te interrogaban que estudios
tenías, que sabías hacer etc. Después nos raparon la
cabeza, situación que si bien a esa altura de los
acontecimientos se nos había borrado la sonrisa, nos
daba una carcajada espontánea al ver a tal o cual
que hasta hacía unos minutos lucía una larga
cabellera, mostrar una reluciente pelada, o una
prominente nariz que el cabello disimulaba y ni
hablar de las orejas que lucían como pantallas al
mejor estilo de los abanicos que muestran los
gráficos de la célebre Mariquita thompson
Después llegó la entrega de la ropa verde y el
calzado, que al mejor modo de la alta costura te
revoleaban las cosas y como siempre sucede me toco
una chaquetilla que me llegaba a las talones, pero
no todo es malo porque ohh coincidencia a mi
compañero Bartolo le toco una que no le llegaba al
pupo y bueno ahí el inmediato trueque.
Seguidamente nos entregaron la vajilla de porcelana
china (Acero Inolvidable), cubiertos etc. Que ante
el primer uso pasó a faltarme la cuchara, situación
que fue rápidamente detectada por el Sarg 1ro Faraci,
que luego de un contundente y corto discurso me
emplazó para que al siguiente día le tenía que
mostrar una cuchara.
La mía estaba marcada con una EA así que la encontré
enseguida, pero para sorpresa, el suboficial pasó
revista de cuchara y a nadie le falto el elemento.
Vinieron los bailes, pasaron los días y nos
distribuyeron por actividad, yo pasé a revistar en
la Batería de Servicios y mi compañero Bartolo en la
Batería "C"
En la ¨C¨ éramos todos cordobeses, pero en la
servicios había porteños, santiagueños, de la zona
(chatos) y por supuesto nosotros los cordobeses, y
cada uno desarrollaba una actividad, en mi caso
estaba destinado a la llamada Mayoría, que era una
especie de Jefatura donde estaba el jefe del grupo
de artillería, la oficina de Finanzas y la de
Intendencia y otras más que no recuerdo.
Mi jefe era el Subte Demo y el Sarg 1ro Donoso del
área de Intendencia, y colaboraba en el registro del
racionamiento del grupo, hacía el parte diario y
determinaba contablemente cual era la entrega de
provisiones del día ya sea para el desayuno,
almuerzo, merienda y cena teniendo en cuenta la
cantidad de soldados que revistaban cada día, luego
me dirigía al depósito y realizaba la entrega al
cabo cocinero, demás esta decir que jamás coincidía
la cantidad entregada con la cantidad contabilizada,
lo que no me acuerdo es si la cantidad contabilizada
era menor o mayor a la entregada.
El Subte y el Sarg 1ro pasaron a ser mas que
superiores, con el correr de los meses ya eran una
especie de amigos, teníamos muy buen trato, y en
realidad fueron excelentes personas que aún
recuerdo.
El la Batería de Servicios pasé a tener nuevos
amigos y ocurrió que me distancié un poco de mi
compañero Bartolo, que a la vez él también fue
encontrando nuevos amigos.
Yo empecé a tener mucho trato con el flaco Fernando
Reale de la ciudad de Leones (Cba), localidad vecina
de mi San Marcos, el colaboraba en el depósito de
ropa de la cuadra.
Después de estar varios meses internado en el
cuartel, salimos por primera vez a la ciudad de
Zapala y con el flaco Reale un domingo fuimos a
comer pizza, lógicamente a una pizzería, ahí nos
devoramos dos grandes de muzzarella y nos tomamos
unos vinos y me acuerdo que volvimos bastante
mareados al cuartel, claro que alcohol solo lo
veíamos cuando nos mandaban a la enfermería.
Después sucedió algo muy particular, el flaco Reale
había traído una carta para entregar a una gente de
Zapala, salimos un día a ubicarlos y creo que nos
recorrimos toda la ciudad, nos mandaban de un lugar
a otro, y donde los fuimos a encontrar, a una cuadra
de la salida del cuartel, pero esto no fue lo
particular, lo que realmente quería contarles es que
accidentalmente encontré una familia maravillosa que
después de varios años volví a visitar, ellos se
llaman Rubén Tenaglia, su esposa Isabel y sus hijos
Sergio y Darío, que me dieron alojamiento, comida,
vestuario y principalmente contención, por esos años
Rubén fabricaba las famosas baterías ¨NEUCOR¨ ,
cuando yo llegaba los sábados me cargaba en un
chevrolet, íbamos a la carnicería, compraba el asado
y una damajuana de Parrales de Chilecito, que iba a
extrañar con semejante hospitalidad, me trataron
como un hijo y en muchas ocasiones mejor que a los
propios. Desde ese momento y hasta la baja y en los
periodos de reincorporaciones pasé a tener un hogar,
una verdadera familia al lado del cuartel.
Una de las cosas que mas valoré en los primeros
meses, fue el agua, poder tomar la suficiente para
calmar la sed que sufríamos, la correspondencia, que
era el único medio de comunicación con la familia,
recuerdo cuando el furriel Sastre entregaba las
cartas, nombraba de a uno en voz alta, que
desilusión cuando no recibía nada, y que alegría
cuando escuchabas el apellido y más alegría cuando
dentro de ella recibías un giro, que no importaba el
monto sino la tremenda solidaridad de la familia que
se acordaba de vos y se esforzaba dejando otras
cosas de lado para enviarte un dinero que talvés les
hacía mas falta a ellos que a uno mismo, en este
punto quiero reconocer por este medio el enorme
mérito que merece mi hermano Rodolfo que más que
hermano fue un padre, y que jamás me atreví a
decírselo personalmente.
Aprobamos la instrucción militar, aprendimos a
desfilar, y juramos la bandera, luego vinieron las
licencias, y un día muy frío recibimos la visita de
la nieve, que de una gran algarabía pasó a ser una
pesadilla, ya que los bailes empezaron a
frecuentarse sobre ese manto blanco que ni les
cuento el sufrimiento, inclusive las mismas guardias
con 40 cm de nieve y a pesar de reducirse de una
hora a media llegábamos con los pies morados, los
borceguíes empapados y los pantalones mojados hasta
las rodillas; recuerdo que ponía los pies completos
con borceguíes y todo dentro de la estufa de la
cuadra.
Una vez alguien me preguntó si había tenido miedo
alguna vez, y le conteste que si, cuando se enojaba
el Sarg 1ro López que nos bailaba y rompía los palos
de escobas y lampazos sobre la espalda del soldado
que le quedaba mas cerca, cuanta impotencia ante
tanta brutalidad.
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